Enfócate en tus fortalezas

Escúchame, si quieres, en la versión podcast:

 

Hoy voy a empezar contándote una historia.

Y es algo que me pasó una vez mientras estaba tomando un café con un amigo.

Recuerdo que hace unos años, hablando con un amigo que me estaba contando una experiencia que había tenido tiempo atrás, de repente me di cuenta de lo bien que hablaba.

No es que me diera cuenta en ese momento.

Es algo que ya venía pensando desde hacía tiempo.

Pero en ese momento me sentí con la necesidad de decirle – ¿Tú te has dado cuenta alguna vez de lo bien que hablas?

Mi amigo era un gran orador, era ese tipo de personas que cuando se ponía a hablar todo el mundo a su alrededor se callaba y se quedaba obnubilado escuchándole.

Tenía la capacidad de hacer que una actividad tan ordinaria como es el hecho de hablar se convirtiera en algo extraordinario.

Y además era algo innato. Algo que no le costaba nada de esfuerzo.

Es como que la vida le habida dado un don especial para plantear la historia que estaba contando, situar a los personajes en el tiempo y en el espacio de forma que cuando le escuchabas te dada la sensación que estabas viendo con tus propios ojos lo que te estaba contando, organizar el hilo narrativo de forma que conseguía mantenerte atento desde principio a fin…

Y todo esto lo hacía sin esfuerzo alguno.

Pues bien, en aquel momento, mientras me estaba contando esa historia,  yo no pude evitar pensar ¿Será consciente de esta capacidad que tiene?

Y por eso no pude evitar hacerle esa pregunta ¿Tú te has dado cuenta de lo buen comunicador que eres?

Y en ese momento él dejo de contar su historia, se rió, fue como que le dejé algo descolocado y  me miro algo extrañado mientras se reía.

Pero después me dijo: Pues no sé, la verdad es que no había parado a pensarlo nunca. Pero bueno, de lo que sí que me doy cuenta es de que cuando empiezo a hablar no puedo callar.

Y bueno, pues en ese momento yo le dije, que así era. Le dije que tenía un don para la comunicación.

Pero mi  curiosidad no se quedó ahí y luego le pregunté ¿Y esto ha sido siempre así? ¿De pequeño ya lo hacías?

Y él me contesto que sí, que siempre había sido así de hablador.

Y entonces le pregunté.- Y cuando eras pequeño ¿Tus padres se dieron cuenta de esto? ¿Qué te decían?

Y entonces él se puso durante un rato como a buscar algún recuerdo en su biblioteca mental y cuando lo encontró me dijo, me miro serio, como cambiando totalmente de tono y me dijo: Mis padres lo único que querían era estar tranquilos y pasaban de mi, ni siquiera me escuchaban. 

Claro a mi esto me llamo mucho la atención, porque me sorprendió que sus padres no hubieran sido capaz de ver en él lo que yo era capaz de ver.

Y es que ese niño ya había nacido con un don.

¿Y porque te estoy contando todo esto?

Te estoy contando todo esto porque hoy quiero hablar de tus fortalezas y de lo importante que es que te enfoques en ellas.

Si yo te preguntara ¿A que le prestas más atención? ¿A lo que haces mal o a lo que haces bien? ¿Qué me contestarías?

O mejor aún, si te preguntara, dime 5 cosas que haces bien y 5 cosas que haces mal ¿Qué crees que te costaría menos contestar?

Probablemente me contestarías que le prestas más atención a lo que haces mal y eso será lo que te costaría menos contestar.

Y es que venimos de un sistema educativo que nos ha enseñado a poner nuestro foco y nuestra atención en aquellas cosas que hacemos mal para tratar corregirlas.

Y no solo el sistema educativo del que venimos si no también nuestra familia.

Nuestros padres al educarnos han puesto constantemente su atención en aquello  que consideraban que era malo o que no estaba bien para que dejáramos de hacer aquellas cosas que pensaban que nos podían causar algún mal o que no nos iban a ser de ayuda en la vida.

Y ojo, no estoy diciendo que esto esté mal.

Lo que estoy diciendo es que estamos entrenados para fijarnos en nuestras debilidades y no en nuestras fortalezas.

Y ese es el motivo por el que nos cuesta identificar cuáles son nuestras fortalezas o qué es aquellos que hacemos bien.

Por si esto fuera poco, somos una sociedad en la que el valor de la “Humildad” está muy arraigado.

¿Qué quiero decir?

Quiero decir que muchas veces vemos con buenos ojos a una persona que sabe hacer algo bien  y que no se pronuncia al respecto y muchas veces vemos con malos ojos a una persona que sabe hacer algo bien pero que lo admite.

Parece que si haces algo bien y los admites o lo dices en voz alta, eres un fanfarrón o un narcisista.

Y sino no me crees,  párate a pensar por ejemplo en la reacción que tienes cuando alguien te hace un alago.

Por ejemplo, imagínate que llegas un día al trabajo y una compañera te dice- Oye, que bien te queda ese suéter.

Seguramente automáticamente eches mano de alguna respuesta para restarle importancia a ese comentario; “Pues me costó muy barato”; o “Pues lo compré en un mercadillo”; o “sí, pero no me gusta mucho el color”.

En pocas ocasiones te callas, aceptas el alago y simplemente das las gracias.

En la mayoría de las ocasiones tratas de quitarle importancia.

Y esta reacción se debe a que la humildad es un valor muy arraigado en nuestra sociedad.

Y la conclusión es que esto afecta a la forma en que valoramos nuestra fortalezas.

No solo a la hora de mostrárselas a los demás sino también a la hora de reconocerlas en nosotros mismos.

Ahora bien ¿Por qué es importante que identifiques tus fortalezas?

  • La forma en la que estas gestionando tus debilidades y tus fortalezas está afectando a cómo t sientes.

El primer motivo es porque  la forma en la que estas gestionando tus debilidades y tus fortalezas está afectando a cómo te sientes, está afectando  a tu nivel energético , a tu motivación y a tu vitalidad.

Entendemos las debilidades como aquello que hacemos mal y las fortaleza cómo aquello que hacemos bien.

Cuando en realidad deberíamos entender las debilidades como algo que nos debilita y las fortalezas como algo que nos fortalece.

Ya sabes que siempre te digo que aquello en lo que pones tu atención se expande.

Cuando pones el foco en algo, es como ese algo se hace más grande. 

Cobra más presencia y más importancia.

Por tanto, cuando constantemente estas poniendo tu atención en aquello que no haces bien  para tratar de corregirlo o mejorarlo, lo que estás haciendo de alguna manera, es debilitándote.

Y cuanta más atención le pones, más te debilita.

Por ejemplo si piensas que hablas mal en público y no dejar de decirte que lo haces mal, probablemente cada vez que pienses en tener que hablar en público conectes con una sensación como de angustia o de malestar y probablemente el hecho de hablar en público te consuma una gran cantidad de energía.

O por ejemplo si piensas que no se te da bien liderar equipos o proyectos probablemente cada vez que pienses en tener que hacerlo sientas también malestar o angustia y el hecho de tener que coordinar, organizar y motivar a la gente para que te siga, te agote mental y físicamente.

Y sin embargo, cuando pones tu foco y tu atención en aquellas cosas que haces bien para potenciarlas, lo que estás haciendo es fortalecerte.

Aquello en lo que eres bueno te fortalece, te nutre de vitalidad y energía.

Por ejemplo si piensas que se te da bien empatizar con la gente o ponerte en su lugar y hacer que se sientan entendidos, probablemente salgas con mayor motivación y energía cuando lo hagas.

O si piensas que se te da bien hacer presentaciones , que eres una persona que hace unas presentaciones con un diseño muy especial y muy llamativas,  que sintetizas muy bien las ideas y llegas a conclusiones muy ejecutivas, es muy probable que cuando hagas esas presentaciones y al acabar veas el resultado de tu trabajo y te digas “que bien se me da hacer presentaciones” salgas energéticamente reforzado o reforzada.

¿Quiere decir esto que hay que enfocarse solo en las fortalezas?

No.

Quiere decir que hay que buscar un equilibrio.

Hay que poner el foco en nuestras fortalezas, que es lo que nos dará motivación, vitalidad y energía pero sin dejar de tener en cuenta nuestras debilidades. Y sobre todos siendo compasivos con nosotros mismo cuando pensemos en nuestra debilidades.

  • Cuando constantemente te estás enfocando en tus debilidades y te estás esforzando por corregirlas, lo que estás haciendo es que te estás convirtiendo en una persona estándar

El segundo motivo por el que es importante que te enfoques en tus fortalezas es porque , cuando constantemente te estás enfocando en tus debilidades y te estás esforzando por corregirlas, lo que estás haciendo es que te estás convirtiendo en una persona estándar.

Alguien ha fijado unos parámetros sobre lo que se considera “adecuado” en una determinada materia que tú consideras que en tu caso es una debilidad. Y lo que haces es que no dejas de esforzarte por alcanzar esos estándares, simplemente para eso, para considerarte “adecuado”.

Pero por mucho que te esfuerces nunca vas a sobresalir en esa materia. 

Sí, serás capaz de hacerlo bien. Pero siempre habrá alguien para quien ese materia sea una fortaleza y te de mil vueltas.

Es cuando potencias tus fortalezas que sobresales.  Es cuando potencias tus fortalezas que tus dones se multiplican. Es cuando potencias tus fortaleza que muestras al mundo toda tu luz.

La conclusión es que es muy importante que te enfoques en tus fortalezas y que tanto a nivel profesional como personal las pongas al servicio de tus objetivos. Esto no solo te harás más feliz sino que te ayudará a conseguir unos mejores resultados.

¿Debes por eso olvidarte de tus debilidades? No. Debes buscar un equilibrio. Poner el foco en tus fortalezas sin olvidarte de tus debilidades.

Mira, déjame que te cuente mi caso.

Hace ya años me hice un test de personalidad para determinar  cuál era mi tipo de personalidad.

En concreto me hice el test DISC, que además en el que suelo utilizar con la gente que viene hacer algún proceso de coaching ejecutivo conmigo.

Par que lo entiendas, este es un test que básicamente clasifica a la gente en 4 tipos según su personalidad. 

El tema es que cuando hice el test y vi el resultado, lo que leí me dejo absorto.

Porque era todo lo contrario a lo que yo pensaba que me iba a salir.

Yo en mi vida personal, soy una persona muy tranquila, muy emocional, muy analítica…

Me gusta mucho escuchar a la gente y tratar de entender cómo me sienten y además me doy cuenta de la gente se siente tan cómoda conmigo que sin apenas conocerme me cuentan cosas que otras personas no le contarían.

Y sin embargo cuando hice el test, de los cuatros perfiles de personalidad que te da, a mí me dio uno que se llama “Dominante”

Las personas con este tipo de personalidad son personas como muy dirigidas a la acción, enfocadas en conseguir el objetivo, en tomar decisiones rápidas, resolver problemas…

Y este tipo de personas tienen un área de mejora que es la necesidad de escuchar más.

La personas dominantes estás tan enfocadas en conseguir sus objetivos y en conseguirlos ya, que a veces pierden capacidad de escucha.

Claro, yo cuando vi estos resultados me sorprendí.

Porque me di cuenta de que yo tenía dos personalidades, era una persona en mi vida personal, muy tranquila, empática, con gran capacidad de escucha…

Y a nivel profesional era una persona muy distinta.

Cuando me puse a reflexionar sobre esto, me di cuenta de que a lo largo de tantos años, de tanto enfocarme en mis debilidades, me había entrenado en una gran cantidad de competencias, habilidades y aptitudes que estaban muy alejadas de la persona que yo era…

Y ojo, que estoy encantado, porque considero que este perfil, el perfil dominante,  tiene muchísimos aspectos positivos.

Pero es verdad que me di cuenta que  a nivel profesional  cuando estaba muy enfocado en conseguir mis objetivos y  en hacer que los proyectos avanzaran, dejaba de escuchar a otros miembros del equipo,  porque en esos momento lo único que quería era avanzar…

Y claro, esto me genero una contradicción.

Por qué yo me preguntaba ¿Pero cómo puede ser, si yo a nivel personal soy una persona que está siempre escuchando?

¿Y qué pasó entonces?

Pasó que tiempo más tarde hice un test para identificar mis fortalezas, en concreto hice un test que se llama Clifton Streghts, que es el que suelo utilizar también con la gente que trabaja conmigo (te dejo aquí el link por si te interesa, aunque este test es de pago)

Este test está única y exclusivamente enfocado a identificar tus fortalezas.

Cuando lo hice ¿Sabas cuál es la principal fortaleza que me dio el test?

La principal fortaleza fue la empatía y la capacidad de escucha.

Cuando yo vi esto me volví a sorprender. Porque en realidad yo no veía esto como una fortaleza. Es más, lo veía como una debilidad.

Porque observada que los perfiles profesionales que se potenciaban eran personas que era muy buenos comunicadores. Y vamos, lo de ser una persona empática, con capacidad de ponerse en la piel de la otras persona, etc., tampoco veía que se potenciara.

Por tanto siempre lo había visto como una debilidad y no como una fortaleza.

Claro con todo esto, yo me di cuenta de que de tanto enfocarme a nivel profesional en mis debilidades, había dejado de lado mi principal fortaleza, que era la capacidad de escucha y la empatía.

Y desde ese día empezar a potenciar mi empatía y mi capacidad de escucha.

Entonces empecé a dedicar más tiempo preguntar más al resto del equipo, a prestar más atención a compañeros,  a tratar de atender más las propuestas de otras personas…

Y sabes de que me di cuenta, me di cuenta de que ellos estaban más contentos porque se sentían más participes, más escuchados y más involucrados… y al mismo tiempo me daba cuenta de que yo me ahorraba muchísimo trabajo, porque al escucharles, a hacer braimstormings para generar ideas sobre cómo resolver problemas, como afrontar situaciones, etc. surgían soluciones de forma espontánea, cuando antes yo me había estado cargando con la responsabilidad de ser la persona que reflexionaba y decidía como afrontar la situación…

A mí no me costaba nada trabajar desde mi fortaleza y los resultados que obtenía eran incluso mejores.

Lo que te quiero decir con todo esto es que muchas veces tenemos una visión de nosotros mismos que no se ajusta a la realidad y es importante tomar conciencia de cómo somos realmente y de cuáles son nuestras fortalezas, bien haciendo este tipo de test, o preguntando a nuestros compañeros, a nuestro jefe, a las personas de nuestro equipo… o incluso amigos o familiares.

Y por otro lado es importante que vayas con mucho cuidado, porque muchas veces ocurre que lo que piensas que es tu debilidad es en realidad tu fortaleza. Hay fortalezas que podemos identificar fácilmente pero en muchas ocasiones me encuentro con personas que tienen fortalezas que nunca habían reconocido como tal, es más pensaban que esas fortalezas eran debilidades.

Y ahora es tu turno.

Como parte de tu plan de acción me gustaría que reflexionaras sobre cuales crees que son tus principales fortalezas. Y que luego le preguntaras a tus familiares, amigos o compañeros de trabajo, cuáles creen ellos que son tus fortalezas.

 

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